Desde su fundación en el año 1832, en la pequeña localidad de Saint-Imier, la marca del reloj de arena alado ha trazado una trayectoria inigualable de precisión y refinamiento. Al hablar de relojes suizos Longines, nos estamos refiriendo a una institución que ha sabido cómo equilibrar la innovación tecnológica con un respeto profundo por sus raíces, convirtiéndose en un referente global que trasciende generaciones. Su lema, Elegance is an attitude, no es solamente una frase publicitaria, sino que es el reflejo de una filosofía que impregna cada una de sus creaciones.
Un legado forjado entre prados y precisión mecánic
La historia Longines comenzó con Auguste Agassuz, pero fue la visión de su sobrino, Ernest Francillon, la que transformó un taller humilde en una potencia industrial. En 1867, Francillon unificó la producción en una fábrica situada en un recinto llamado “Les Longines” (prados largos), de donde la marca tomó su nombre definitivo. Ese mismo año, la manufactura lanzó el calibre 20A, un movimiento premiado en la Exposición Universal de París por incorporar un mecanismo de cuerda integrado mediante corona, eliminando la necesidad de llaves externas.
Un hito que distingue a la firma es su logotipo del reloj de arena alado. Registrado en 1889, es reconocido por la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual como la marca comercial activa e inalterada más antigua del mundo. Es un símbolo que, grabado en la parte trasera de cada pieza y presente en su esfera, representa una garantía de autenticidad y continuidad histórica.
Innovación técnica: a la vanguardia de la alta relojería
Longines no solo ha destacado por su estética, sino por ser un motor de progreso en la alta relojería. Su compromiso con la cronometría de precisión la llevó a desarrollar en 1878 su primer cronógrafo, el calibre 20H, diseñado específicamente para el cronometraje de eventos deportivos profesionales. A lo largo del siglo XX, la casa fue pionera en el desarrollo de cronógrafos de pulsera con dos pulsadores y función flyback, así como en el lanzamiento del primer reloj con doble huso horario en 1925.
Además, ha sido legendaria la relación entre la marca y el mundo de la aviación. Figuras como Charles Lindbergh y el capitán Philip van Horn Weems colaboraron con la manufactura para crear instrumentos de navegación críticos para la época. El reloj Lindbergh de Ángulo Horario, diseñado tras su épico vuelo transatlántico en 1927, permitía a los pilotos calcular su posición geográfica con exactitud, consolidando a la forma como el socio predilecto de los pioneros del aire.

En el ámbito de la precisión extrema, por su parte, Longines asombró al mundo en 1959 con el primer cronómetro de pulsera de alta frecuencia, capaz de latir a 36.000 alternancias por hora. Décadas más tarde, su tecnología VHP (Very High Precision) redefinió el cuarzo termocompensado, ofreciendo una exactitud inalcanzable para otros fabricantes.
Colecciones icónicas: relojes de lujo clásicos para cada estilo
El catálogo actual de la casa es una muestra de versatilidad y buen gusto. La Master Collection, por ejemplo, lanzada en 2005, es quizás la máxima expresión de su herencia mecánica, ideal para quienes buscan relojes de lujo clásicos. Por otro lado, líneas como Conquest e Hydro Conquest representan el espíritu deportivo de la marca, ofreciendo robustez, hermeticidad hasta 300 metros y una estética atemporal.
Hoy, elegir un Longines es adquirir una pieza de historia suiza. La marca se posiciona en el segmento de lujo asequible, ofreciendo una relación calidad-precio que es excepcional y materiales de primer nivel como cristal de zafiro, acero inoxidable 316L y movimientos certificados. En Joyería Grau puedes acceder a estos relojes elegantes que no son sólo instrumentos para medir el tiempo, sino símbolos de estatus, durabilidad y excelencia.
